(Del lat. intentĭo, -ōnis).

  1. f. Determinación de la voluntad en orden a un fin.
  2. f. Designio de aplicar una oración, una misa u otro acto del culto en favor de una persona determinada o de la consecución de un bien espiritual o temporal.
  3. f. Instinto dañino que descubren algunos animales, a diferencia de lo que se observa generalmente en los de su especie. Caballo, toro de intención.
  4. f. Cautelosa advertencia con que alguien habla o procede.

mujerLeo esta intermitencia de letras mientras las escribo. Es un ritual conocido, tantas veces recreado, que me divierte desgranar las palabras en letras independientes. w w w m a r i a v i s i o n punto c o m. Y entro en la sala de oración, un rosario virtual. ¿Quieres seleccionar oración personal o en comunidad? Hoy es personal. Sólo tengo que escribir mi intención. OLVIDAR. Enter. El audio en mis auriculares suena atronador. Misterios gozosos para empezar a sentirme incómoda en la piel de los recuerdos.

La bendición viene primero y mentalmente trazo sobre mi frente la señal de la santa cruz. Estos de la oficina no entenderían un signo tal sino como una broma idiota. Para librarme de mí misma y mis pensamientos impuros. Amén.

Merezco el infierno en el que deambulo. Me arrepiento de desearlo, de saborearlo, de pensar en rendirme. Me arrepiento de no tener las riendas de mis efluvios, de alejarme cada vez más del camino iluminado y quiero ganarme la posibilidad de ser diferente. De abandonar el amor que conozco para ser capaz de no sentir nada. Este no es el verdadero amor, es sólo la carne que me tienta.

Primer Misterio. La anunciación del Señor. Yo seré la madre sin sexo. Con un único varón por hijo. Hervida mil veces, totalmente aséptica. Rebosaré mi bondad por los pezones para alimentar la fuerza y el poder. Con el padre sobre mis labios, qué ironía. El santo padre mío, que nunca está conmigo, porque está en los cielos. Capaz de poseerme en nombre y ofrecerme infinitas promesas de circo y de pan.

Si fuera posible estar ausente del pecado. Recibir la dicha sin el placer, purificar los besos a dentadas, la presión sobre los senos, las embestidas y el sudor. Sólo la madre puede renacer libre de sus cenizas. Fénix madre que arrasa con llamas sus huevos. Y de nuevo, ave maría… Sálvame de mis misterios y mis trampas. Enséñame a ser y elimina a la mujer que hay en mí. Ave tú, una vez más, sobrevolando los escombros de estas ciudades que fueron apedreadas, de los cuerpos masacrados, de las distancias desoladas. Bienvenida al suspiro y al fin de la carne. Puro dolor de hembras, vacías o intactas, heridas, atravesadas, inundadas, vendidas o regaladas, escondidas en la penumbra, vomitadas, parturientas y recién nacidas. Espejo y reflejo. Gloria al alfa y omega de tu silueta, donde empieza el rostro, quizá en la comisura de tus ojos de almendra y termina en la planta de los pies, raíces enterradas en el silencio de la tierra.

Segundo Misterio. Misterio de la visitación. Y desearé lo que tú puedes ofrecerme, pues en tu vientre sentiré el mío encarnado. Y con tus desgarros, también se retorcerá mi espíritu. Si tú no amas, no amaremos nunca. Echaremos sal sobre los brotes verdes y escarbaremos en la tierra donde crecían nuestras rosas para que el fruto de tu exquisita bondad pueda fertilizarnos a todas. Yo misma reventaré como fruta madura y dejaré que me liben los néctares, preparada para caer sobre el suelo y de nuevo comenzar el ciclo, los dones y las entregas. Fuera de mí, el verbo es sagrado.

Dios te salve María, para que en su acción, yo que soy tu sombra pueda aspirar a un poco de esa ambrosía.  Para que mis venas amarradas en tus venas, se oxigenen y no duelan. Que te salves y me ignores. Si el paraíso no está en ti, estoy perdida. Déjame vagar en tu dulce bucle de caricias sin manos. Tus manos sin piel. Tu piel sin tacto. Tu tacto sin deseo. Tu deseo sin aire. Tu aire expirado. Tus gloriosas caricias consumidas.

Tercer misterio. El nacimiento del niño. Este niño sin padre que ha nacido de un pensamiento. Esta mente que está llena de torturas, de recuerdos, de imposibles. Quiero acordarme de cuando no sabía nada, de cuando todo era futuro. Quiero recordar como se olvida. Para enterrar la vida. No se puede cometer mayor sacrilegio.

Le doy al botón de pausa, aún sabiendo que queda la mitad del rosario por recorrer. No era mi intención traerlo todo al presente. Pero ahora me queda claro que olvidar es imposible. Sólo puedo pretender un escondite en la cotidianidad si quiero seguir respirando. Abandonar se me ha dado siempre bien. Renuncio a la verdad y apago el ordenador.

En el móvil tengo tres llamadas perdidas que no he escuchado mientras rezaba. Un mensaje en el contestador. Ven a verme esta tarde. Tenemos que hablar. Su voz al otro lado suena urgente y afectada. Enciendo de nuevo el ordenador, reafirmada en mi propósito de olvido.

Advertisements